miércoles, 15 de febrero de 2017

MARIA ELENA MOYANO VIVE!!!!!

Hoy se cumplen veinticinco años del asesinato de María Elena Moyano, dirigente barrial y concejala del limeño distrito de Villa El Salvador. El quince de febrero de 1992, un escuadrón de aniquilamiento de Sendero Luminoso, mata a la joven dirigente y dinamita su cuerpo, en medio de una actividad para recaudar fondos que organizaba un comedor popular en Villa El Salvador.
La noticia corrió como pólvora y el dolor se instaló para siempre en muchos de quienes la conocimos y compartimos algún momento de su vida y de la historia del Perú. La prensa, adicta al régimen fujimorista imperante en ese momento, usó esta noticia para sembrar el miedo en la población, miedo y terror que Sendero se había encargado ya de sembrar. El rechazo al terrorismo a partir de ese momento, fue casi unánime. Qué fuerza revolucionaria puede matar a los dirigentes del pueblo? ¿qué partido revolucionario puede justificar la muerte a sus propias manos de una de las hijas más queridas de nuestro pueblo? Pues Sendero no sólo justificó su asesinato, sino que fue más allá, lo tomó como ejemplo. El pueblo, por cierto, rechazó no sólo la muerte de María Elena sino, sobre todo, rechazó el terror y la violencia tanto de Sendero como del fujimorismo.
Este vil atentado fue el inicio del fin de Sendero Luminoso.  En septiembre de ese mismo año, Abimael Guzmán era capturado por la policía en un barrio de clase media alta, rodeado de varios colaboradores y, según la policía, con un nivel alto de gastos mensuales, gastos que rondarían los diez mil dólares al mes. Abimael Guzmán el mismo que ordenó la matanza del pueblo de Lucanamarca y cuyo buró político avaló el asesinato de María Elena Moyano, el mismo que obligaba a sus militantes a inmolarse en las prisiones, pues según el “la sangre derramada no ahoga la revolución, sino la riega”, ese mismo líder, meses después de su captura, se deshacía en elogios con Fujimori y Montesinos. Años más tarde este “revolucionario”, pedía audiencia para casarse por el registro civil con Elena Iparraguire, una de las personas con quien fue capturado en su residencia de Surco.
Hoy después de 25 años, la memoria trae la figura victoriosa de María Elena Moyano, la mujer que lideró la lucha de un pueblo que estaba cansado de los atropellos del ejército y de Sendero. Hoy llega a mi memoria esa frase que sonó y encabezó las marchas por paz con justicia social: “No Matarás ni con Balas ni de hambre”, esas marchas y esos lemas, eran golpes certeros a los violentistas del gobierno y a los violentistas de Sendero Luminoso. La memoria no olvida a la mujer joven, enérgica, tierna y valiente que fue María Elena Moyano.
La construcción y organización del Comité Metropolitano de Vaso de Leche, cuya dirección en algún momento disputó con otra grande de las luchas por el derecho a la alimentación en un país de pobres: Teresa Aparcana; fue algo en lo María Elena estuvo muy pendiente y en lo que aportó muchísimo. Recuerdo claramente una noche previa a la convención del Vaso de Leche. Habían dos listas en disputa, una encabezada por María Elena y otra por Teresa; las compañeras, totalmente empoderadas y con liderazgos múltiples, buscaban apoyos entre las asistentes, que eran a la vez dirigentes distritales, barriales y de zonas. Una disputa democrática en el seno del pueblo, de las más bellas que he podido ver. Discrepancias encendidas, propuestas diversas; pero respeto y cariño entre todas, y allí María Elena, líder, María Elena amiga, preocupándose por qué van a comer las compañeras, por como volverán luego a sus barrios. Inmensa, enorme, así era ella. Preocupada por lo global, lo local y por las compañeras como personas.
Son veinticinco años que parecen se han pasado muy rápidos. Veinticinco años en los que el pueblo peruano sigue transitando el camino de la liberación nacional, camino largo y difícil. El reto hoy es construir esa herramienta política para el cambio. Los problemas nacionales contra los que luchó Maria Elena siguen allí presentes, la desnutrición infantil, la postergación de las mujeres, el abandono y marginación del campo, los servicios básicos inaccesibles para quienes viven en la zona urbano marginal pobre de Lima y de las provincias. Queda mucho por hacer. El mejor homenaje es continuar sembrando liberación, buscar la paz con justicia social y lograr una representación política del cambio que vaya más allá de la que tenemos ahora.

María Elena Vive. La lucha sigue.