martes, 3 de junio de 2014

Se va el Rey. Viva la República

Hoy la sorpresa ha sido la abdicación del Rey de España. Los noticieros nos bombardean con reseñas y virtudes del monarca, quien deja su trono a Felipe, su hijo.
Las plazas se han llenado de personas reclamando un referendum que permita a la población elegir entre monarquía y república. Quienes venimos de países sin reyes, pero con castas que dominan lo político y económico, todavía nos sorprendemos que un país en el siglo XXI, en la esfera de los más desarrollados del orbe, tenga como máxima autoridad un Rey.
La medida seguramente muy bien planificada (la próxima semana comienza el mundial de fútbol, todavía suenan los ecos de la elecciones europeas y el ascenso de las fuerzas de izquierdas en España, y en otros lugares el de la ultra derecha) traerá una bien montada operación mediática que nos hará creer que el Rey tuvo momentos muy acertados, que la última fase de su reinado fue cayendo en popularidad por acción de su yerno, que era un buen momento para abdicar, y que el príncipe es el mejor de los herederos reales que puede haber, que es muy preparado, que habla mil idiomas y que nunca ha dado muestras de corrupción; bueno y un largo etcétera que ya vamos viendo en la televisión, escuchando en  la radio y leyendo por la red.
Lo cierto es que eso de "el mejor preparado" ya da risa, sería el colmo que con todos los medios a su favor, no se prepare. A propósito, escuché en la radio a un comentarista que acertaba al decir "es lógico que el príncipe esté muy preparado, igual mi hija es la más preparada
de mi familia, pues es una cuestión generacional, la actual juventud es la más preparada que haya existido". Habría que agregar que la juventud actual no sólo es la más preparada, sino también la más desprotegida y con más incertidumbre que generaciones anteriores.
Abdicar es dejar el puesto a otro, no significa la desaparición de la monarquía; pero puede ser el inicio. Una institución obsoleta, corrupta y altanera como la monarquía  no tiene cabida ya en el imaginario de una sociedad justa que debemos construir. Juan Carlos se va, viene Felipe, pero también renace, y con más fuerza, la justa aspiración republicana, pero además, se fortalece la necesidad de una democracia auténtica, de un bienestar real, de una sociedad justa ahora.